Cuarentena

Wasserturm, Berlín

14 de diciembre de 2020

Estoy aquí, lejos.

No comparto la sensación agridulce de amueblar una casa nueva, nadie me pide que ayude en la mudanza, ni puedo pretender ser la confidente de mi sobrina en estos años que empiezan a revolverle por dentro.

Me pierdo los silencios y la premonición de una vejez turbulenta que se acerca poco a poco y que presenta muchas preguntas y muy poca esperanza.

Me siento como un polluelo diminuto en una cama enorme, duermo sola, encogida, con el pecho aplastado por mi propio peso, un pecho hueco y ligero que retumba con cada latido.

Lucho contra la incertidumbre o, mejor dicho, contra la inseguridad que la incertidumbre me provoca.

Miro hacia atrás y no recuerdo ninguna etapa de mi vida en la que no tuviera ansiedad. ¿Nadie sabe verla? Muchas veces no la reconocemos porque esperamos que sea como en las películas. Subestimamos las emociones, echamos tierra encima de los muertos, esperando que el peso sea suficiente.

Qué frío hace en Berlín.

Quiero dormir una noche entera sin abrir los ojos en la oscuridad, sin recolocarme cincuenta veces, sin buscar con los pies la bolsa de agua caliente, ya fría, sin intentar adivinar la hora que es según la luz que entra a través de las cortinas rojas.

Licencia de Creative Commons

#cuarentena #familia #distancia #Berlín #ansiedad

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