Silencio

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Cuando pienso en el silencio viajo hacia el sur y llego al norte.

La casa está llena de silencio y siento que la hincha poco a poco. Puede que el silencio de esta casona no sea más que la tensión contenida de una espera interminable.

En este lugar siempre hubo silencio.

El silencio del bisabuelo caía desde arriba, pesaba, se imponía.

El silencio de la bisabuela corría por debajo, se extendía como un suelo de cristal, sostenía.

Ambos silencios se trenzaron un día y tejieron un cuarto nuevo, que rompió el cuadrado perfecto de la estructura del edificio.

La habitación flotante sobresalía en la parte trasera de la casa y nadie pudo entender cómo se construyó aquel anexo de la primera planta de la noche a la mañana.

Cuando era pequeña me encantaba poner los pies en la habitación flotante, aunque nunca me atreví a hacerlo a solas.

No sé qué pasará con ese cuarto cuando la casa se venga abajo. Me la imagino flotando sobre las ruinas, como siempre, pero con una pared menos.

El silencio está lleno de palabras, pero hace mucho que nos olvidamos de escuchar.

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