Peso

Dices que me debes la vida, y colocas sobre mis hombros un peso que triplica el de mi cuerpo escuálido.

Por unos segundos tengo miedo de quebrarme de arriba abajo, pero no tardo en recordar la fortaleza de montaña de mis huesos y la hipotética capacidad de salir volando si fuera necesario.

En los hombros también me muerdes y me excavas la carne como nunca lo habían hecho. Desentierras los tesoros olvidados que tengo en lo más profundo, a donde no se puede llegar con los dedos.

En esos momentos se te desbocan las hogueras que con tanta técnica controlas. Me envuelves en sábanas de besos, me acomodo en el cuenco de tus manos y me siento a salvo de todo.

Me vuelvo ligera como el aire y, cuando vuelvo a sentir la llamada de la gravedad, no me da pena volver a ser material, caigo con todo mi peso y me hundo en la tierra.

El mundo duele un poco menos y ya no existe el peso en mis hombros.

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